SER
como el humilde guijarro
que cantaba el poeta
como la garra de la mariposa
que sobrevuela implacable
los sueños de un tirano
como la piel que recibe
la caricia de la mano amada
como el muerto que besa
la frente del muerto que besa
tu frente
Ser
tú
yo
nosotros
pese a ellos.
domingo, 9 de octubre de 2016
viernes, 7 de octubre de 2016
POéTIKAS/ "Palabras a ras de piel", con Concha Morales y Luis Miguel Morales/ 4ª Temporada / Octubre 2016/ Sesión 2
ArteFactor: Por Raú Merino
De nuevo la esquina del zorro cedió su espacio para la celebración de POéTIKAS y ArteFactor como colaborador no quiso faltar, esta vez contaba con la presencia de, Carmen morales y Luis miguel morales. Escritores prolíficos en cuanto a poesía, micro relatos, cuentos y relatos (Sigue leyendo)
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| Concha Morales. Foto by LM Morales |
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| Luis Miguel Morales. Foto by LM. Morales |
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| Melhinda Hell. Foto by ArteFactor |
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| Gsús Bonilla, Luis Miguel Morales y Concha Morales. Foto by ArteFactor |
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| Bego Loza. Foto by ArteFactor |
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| Luis Miramón. Foto by ArteFactor |
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| Zorripoema (Obra de Luis Miguel Morales). Foto by ArteFactor |
Etiquetas:
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LA ESQUINA DEL ZORRO,
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POéTIKAS,
Raúl Merino
miércoles, 5 de octubre de 2016
Hemos Leído/ Omar Pimienta/ El álbum de las rejas/ Ediciones Liliputenses, 2016
Esto no es una mentira
no es
una mentira acerca de la mentira
una
mentira que prolonga la mentira
esto es la verdad la
única verdad
Anastasio Hernández-Rojas
(San Luis Potosí 1968 – San Diego 2010)
Se robó una botella de vino
una
botella de vino
para celebrar el día de las madres
la propia la
de sus hijos
cárcel y deportación
golpes y electricidad
la única verdad es su muerte
se puede ver se
puede oír
la
mentira se propaga
hasta crear un discurso
pero la verdad es ésta: la gente muere
y la verdad más real es ésta:
hay
gente que muere a manos de otra gente
que cree
que matar es parte del oficio
Anastasio Hernández-Rojas
(San Luis Potosí 1968 – San Diego 2010)
gritó que lo dejaran de golpear
lo golpeaban para que dejara de gritar
la gente lo escuchó
la gente lo escuchó aunque no quería escucharlo
el sonido es más terco que la imagen
es el ojo más miedoso que el oído
la verdad al que el miedo se siente
pocos pudieron traducir el grito
otros gritaron que lo dejaran
alguien pidió como él ayuda
otros quisieron ignorar y cruzaron la frontera
esto no es una mentira
no es
una mentira acerca de una mentira
esto es
la verdad la última verdad.
(La invasión paulatina
-fragmento-)
martes, 4 de octubre de 2016
Hemos Leído/ Omar Pimienta/ El álbum de las rejas/ Ediciones Liliputenses, 2016
Tenemos un hermoso mar de mierda
gente parada perpendicular a la orilla vigilando un muro
a la espera de un cambio de turno
un tsunami que nos arrastre hasta San Diego
un mar de mierda al que desemboca la ciudad entera
cuando llega el niño y nos llora por día y noches
tenemos casas de cartón que flotan hasta el mar
un mar de mierda
nuestra mierda y la de ellos y la de otros
de cual alguna vez me sacó de las greñas el fantasma de mi
madre
un mar de mierda californiano Pacífico
frío la mayoría del tiempo
aunque parezca raro que la mierda pueda ser fría
mar delator con olas de fósforo
que ilumina los cuerpos por las noches
mar que traga y escupe
una cuchilla que bifurca su lengua
un mar de mierda que presume su ciudadanía
cruza los postes y se regresa
arena que diluye los nombres
de todos los que vemos el horizonte
con las narices tapadas
al filo de la primera frontera.
(La invasión paulatina
-fragmento-)
lunes, 3 de octubre de 2016
Hemos Leído/ Omar Pimienta/ El álbum de las rejas/ Ediciones Liliputenses, 2016
Hollywood sabe más de lo que sabe
autos a gran velocidad
largas carreteras
persecuciones vertiginosas
criminales con la última esperanza
la Libertad se encuentra justo al cruzar la frontera.
(La invasión paulatina
-fragmento-)
domingo, 2 de octubre de 2016
Hemos Leído/ Emilia Conejo/ Minuscularidades/ Godall Edicions. 2015
FIN
Cae el telón cada mañana sobre la jungla.
Se esconden los leones en el desván y dejan
paso a las caracolas con alas de canela.
Entre bambalinas el aroma a abrazo recién
hecho, nariz con nariz y sol de leche.
La mano tibia del apuntador modela un corazón de manzana.
Recorre las sábanas un tren de mercancías con un único boleto para el mordisco de un piano de cola.
Exhaustos de vida, los personajes secundarios emprenden la escalada de ostinati sin depurar y extraen pepitas de cariño mientras inhalan diamantes entre la orquesta de milochas.
Cae el telón cada mañana sobre la selva.
Saludan los escultores de minuscularidades.
Cae el telón cada mañana sobre la jungla.
Se esconden los leones en el desván y dejan
paso a las caracolas con alas de canela.
Entre bambalinas el aroma a abrazo recién
hecho, nariz con nariz y sol de leche.
La mano tibia del apuntador modela un corazón de manzana.
Recorre las sábanas un tren de mercancías con un único boleto para el mordisco de un piano de cola.
Exhaustos de vida, los personajes secundarios emprenden la escalada de ostinati sin depurar y extraen pepitas de cariño mientras inhalan diamantes entre la orquesta de milochas.
Cae el telón cada mañana sobre la selva.
Saludan los escultores de minuscularidades.
sábado, 1 de octubre de 2016
Hemos Leído/ Emilia Conejo/ Minuscularidades/ Godall Edicions. 2015
LA MUJER MINÚSCULA
La mujer minúscula siente miedo.
No sabe qué es ni cómo llamarlo. De qué
puerta blindada escapa cada noche ese pulpo
impertinente que todo lo agarra, con su rastro de
murciélago y su olor a selva antes de la pubertad.
La mujer en ciernes nació con una brocha y los
tonos de la noche para pintar el desasosiego.
Y pintó, y el movimiento de la mano le llega
de nuevo en sueños, pero en sus pesadillas no
recuerda el olor del racimo de temores.
Solo unos brazos de lana y la luz tenue de las
bellezas consiguen que arrecie el estruendo.
Durante unos latidos.
Yo recojo tu miedo cuando lo lances en banda,
dicen los brazos. Yo te recojo cuando te lances.
La mujer minúscula siente miedo.
No sabe qué es ni cómo llamarlo. De qué
puerta blindada escapa cada noche ese pulpo
impertinente que todo lo agarra, con su rastro de
murciélago y su olor a selva antes de la pubertad.
La mujer en ciernes nació con una brocha y los
tonos de la noche para pintar el desasosiego.
Y pintó, y el movimiento de la mano le llega
de nuevo en sueños, pero en sus pesadillas no
recuerda el olor del racimo de temores.
Solo unos brazos de lana y la luz tenue de las
bellezas consiguen que arrecie el estruendo.
Durante unos latidos.
Yo recojo tu miedo cuando lo lances en banda,
dicen los brazos. Yo te recojo cuando te lances.
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